Es un auténtico milagro que se puedan cultivar viñas en esta isla debido al clima y el viento. Pero te tomas un par de malvasías y lo ves todo mucho más optimista y mejor. (Baldomero hacía eses después de probarlas).
Baldomero, como es de trapo, tuvo un poco de miedo a la hora de asomarse a Los Hervideros. Mucha altura, olas impresionantes (y cierto olor a pis en algunas zonas, todo hay que decirlo).
Hay que ver que sitio tan guay, El Mirador del Río. Desde estos visores Baldomero disfrutó de unas fantásticas vistas de la Graciosa (o era la Gomera?).
Ir de una punta a otra de la isla abre el apetito de manera desmesurada. El problema es que aquí, los hosteleros, se han dormido en los laureles y son lentos, antipáticos y no se toman muy en serio al turista.
Una hora y media en servir un menú del día debería figurar en el guiness de los records de la dejadez. No visitéis Orzola. Con uno que pique es suficiente.
Pero que bichos más grandes debió pensar Baldomero.
Los camellos huelen mal y son lentos pero es divertido montar, aunque sea hacer el guiri. Además, es una de las pocas cosas que no salen caras en este lugar (y sólo pagamos dos y con Baldomero éramos tres, ji,ji,ji).
Pero cómo puede vivir alguien en esta isla! Y lo que es más preocupante... ¿Cómo construyen??? Si resulta que apenas a cuarenta centímetros sale fuego del suelo y el agua se evapora.
Baldomero ha exigido que le compremos unas zapatillas ignífugas para poder pasear sin miedo.
Los volcanes merecen la pena y es una de las zonas más chulas de Lanzarote.
Baldomero pensaba que él vivía en una isla que parecía un vergel. Qué desilusión se llevó cuando descubrió que esta isla es un erial compuesto principalmente de volcanes y piedras.
La isla apenas tiene 70 kilómetros de punta a punta y se recorre en un pispas. Bonito, lo que es bonito, no hay nada. Curioso de ver si: Timanfaya y el Mirador del Rio.